Saturday, 27 March 2010

La importancia de la Productividad Marginal del Trabajo en el Desarrollo Económico

En una entrada anterior de este blog, mediante la filosofía de Thomas Hobbes, argumenté que el egoísmo de los individuos provoca una distribución desigual del ingreso en una nación y que esto es un freno para el desarrollo económico. Esto debido a que se crean "grupos de pertenencia" no afines entre sí, donde los grupos de ingresos más altos acceden a grandes porciones de la riqueza social y de poder político ocasionando una situación hereditaria de riqueza y poder entre sus miembros. 

Lo anterior se aprecia claramente en la esfera política (y en muchas otras esferas sociales) de nuestro país, nos encontramos con que: “según la palanca, el nivel”, esto quiere decir que nuestra situación económica y de poder estará en función de la corriente política a la que pertenezcamos, esto contradice una serie de principios económicos, pero el que me he propuesto explicar en esta entrada se llama: productividad marginal del trabajo (PML).

John Bates Clark (1847-1938), economista estadounidense, fue reconocido por sus aportaciones al campo de estudio de este concepto tan importante dentro de la ciencia económica. Clark creía en la justicia de la distribución del ingreso de una economía capitalista ya que para él, el principio de la productividad marginal era una garantía de equidad distributiva. Por lo tanto, definía el salario como una remuneración justa. Su pensamiento estaba fundamentado en dos argumentos:

El primero

Siendo los trabajadores intercambiables, la retirada de cualquier trabajador reduce la producción en “la” productividad marginal y no en “su” productividad marginal. Por lo tanto, cada trabajador es remunerado según su aporte.


El segundo

La remuneración de cada trabajador está ligada a la cantidad mayor o menor de capital de que cada uno dispone. Desde este punto de vista, lo que en efecto es más o menos productivo es la combinación de trabajo y capital y, en esta combinación, el primer trabajador juega el mismo papel que el enésimo.

En otras palabras, cada trabajador debe recibir una remuneración según su aportación a la producción, y eso es algo que no se presenta en la economía mexicana, el nivel salarial no es suficiente ni siquiera para cubrir las necesidades básicas de una persona y en ningún momento está en función de su aportación al total del producto.


Como los “grupos de pertenencia” experimentan una situación hereditaria de riqueza y poder no tenemos la seguridad de que sus miembros reciban una “remuneración justa”, puesto que no hay un interés que los obligue a ser productivos o a prepararse para serlo.

Este fenómeno provoca un freno al desarrollo, si el trabajo se remunerase según su PML, la distribución del ingreso sería más equitativa y por lo tanto, las posibilidades de todos los “grupos de pertenencia” para acceder a herramientas que garanticen el desarrollo económico (como la educación y salud de calidad) serían elevadas. Sin embargo, esta situación no es posible ya que una de los supuestos del comportamiento de dichos grupos es que no hay afinidad entre ellos.


Pareciera que bajo las circunstancias actuales, el desarrollo económico es un sueño inalcanzable. Sin embargo, una estrategia podría funcionar: crear alianzas entre grupos que eventualmente se convertirían en “cadenas de riqueza”.