Saturday, 17 July 2010

Reflexiones mundialistas

Tal como si se tratara de un “déjà vu”, la historia enfrentó nuevamente a españoles y holandeses con el afán de demostrar quien es el país más poderoso, sólo que esta vez la historia los colocó en un escenario diferente y el arma principal fue un balón de fútbol.

Al respecto David Landes (1999)* argumenta:

Por una ironía de la historia, holandeses y españoles se enfrentaron. Los países Bajos (del norte y del sur) tenían mejores cosas que hacer. Aquellos valientes burgueses, marinos, pescadores y campesinos se habían convertido en la clase media de Europa del Norte. Importaban y reexportaban los productos básicos del mar del Norte, Escandinavia y Europa Oriental: grano, madera, pescado, sebo, brea y pieles. Manufacturaban lana y tejidos de mezcla, y eran los adalides del crédito comercial y las finanzas internacionales.

Por otra parte, España hacía su aparición estelar en la escena mundial. La fabulosa afluencia de tesoros coloniales dio a la corona española una preponderancia sin parangón. España era ahora el mayor imperio de Europa, y nada podía interponerse entre ella y sus exigencias y ambiciones. De modo que, cuando aquellos engorrosos habitantes de los Países Bajos, vestidos con lana, cometieron la osadía de llevar la contraria a los exquisitos representantes de España, fueron despachados como un hatajo de andrajosos. España no escatimaría dinero ni hombres para enseñarles quién era el jefe.

Con el ascenso al trono de Felipe II de España, la expulsión de los judíos de la península ibérica en 1492 y la llegada de Cristobal Colón al continente americano —entre otros acontecimientos—, la monarquía española se convierte en la nación más poderosa e influyente del mundo a finales del siglo XV.

Mucho del poderío económico de la nación española se debió al saqueo del que fue objeto el continente americano; Sin embargo, tal cantidad de riqueza entorpeció a esa nación llevándola a exhibir un comportamiento a la manera de “Huicho Domínguez”**.

Nuevamente, le doy la palabra a David Landes (1999):

… [a España] su nueva riqueza le llegaba en bruto, en forma de dinero que gastar o invertir. España optó por gastar, en el lujo y en la guerra. […] España gastó tanto más libremente cuanto que su riqueza fue inesperada e inmerecida, no ganada a pulso. […]

Mientras tanto, la riqueza de las Indias afluía cada vez menos a la industria española, porque los españoles ya no tenían por qué seguir fabricando cosas, pues podían comprarlas. […] Como un feliz súbdito de la corona lo expresó en 1675, el mundo entero trabaja para nosotros […]

El despilfarro de riquezas, el lujo y la actitud poco emprendedora fueron el “pathos” de España, que pronto se vería en aprietos al pasar de ser la nación más poderosa del mundo a una de la naciones más atrasadas de Europa.

Por último, David Landes (1999) nos dice:

Si España no tiene dinero, oro ni plata, es porque tiene todas estas cosas y, si es pobre es porque es rica… Podría pensarse que se ha querido hacer de esta república una república de gentes encantadas que vivieran al margen del orden natural.

Dicho de otro modo, España se hizo (o siguió) pobre porque tenían demasiado dinero. Las naciones que trabajaron aprendieron buenas costumbres y las conservaron, tratando de encontrar nuevos medios de perfeccionar y agilizar el trabajo. los españoles por su parte, se dejaron arrastrar por su inclinación a las apariencias sociales, el ocio y los entretenimientos, lo que Carlo Cipolla llama «la mentalidad del hidalgo imperante» […]

Quizá a estas alturas usted se pregunte qué tiene que ver todo esto con el mundial de fútbol, y quizá tenga razón, pero permítame aterrizar la idea.

La liga española de fútbol se ha caracterizado por ser una de las más competitivas del planeta, en ella se han consolidado muchos de los mejores jugadores de la historia alcanzando la fama y fortuna. Sin embargo, contrario a lo que podría pensarse, pocos de esos jugadores son nacidos en España debido a que los equipos más importantes —como el Barcelona o Real Madrid— solían traer más jugadores talentosos del extranjero de los que formaban en sus “canteras”. Esta actitud de no formar jugadores por tener la posibilidad de comprarlos es el fiel retrato del pensamiento de los españoles cuando se situaron como una nación poderosa.

Sin embargo, la generación de jugadores (entre 22 y 33 años de edad) que recién se proclamó campeona del mundo, proviene de un trabajo intenso por parte de los equipos españoles en las divisiones inferiores por “producir” jugadores de calidad y que sean materia dispuesta para defender la playera de su selección nacional. La calidad de estos jugadores trasciende las fronteras del fútbol español ya que de los 23 seleccionados, 6 han jugado o juegan con un club extranjero y la espina dorsal del equipo es un septeto de jugadores que son titulares en el FC Barcelona, equipo considerado entre los mejores del mundo.

Aunado a esto, la selección española está formada únicamente por españoles de nacimiento, contrario a lo que sucede con muchas selecciones que nacionalizan extranjeros por la evidente falta de talento en posiciones importantes dentro del terreno de juego (tristemente la selección mexicana está entre estos casos).

Ante esta situación me pregunto: ¿habrá aprendido España de sus errores, pasando del letargo y la holganza al trabajo duro y esfuerzo?, o ¿los dos recientes campeonatos (Eurocopa 2008 y Copa mundial 2010), son sólo mera suerte? Es cierto que considerar la situación del fútbol no nos habla de la totalidad de la situación española, pero sí nos ayuda a tener una idea de cómo funcionan las cosas en este país. Al final de cuentas el tiempo tiene la respuesta… siempre la ha tenido.
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*Landes David (1999), La riqueza y la pobreza de las naciones, Ed. Crítica

**Huicho Domínguez es el personaje principal de una novela mexicana llamada “El premio mayor” que tuvo la fortuna de ganar la lotería y como todo nuevo rico se dedicó a despilfarrar su riqueza.